COMUNIDADES - NO CIUDADES - ESPACIOS DE LA INFINITUD.


BARRIO, RED, FRONTERA, RESITENCIA, RELIGAR, ENTRAÑA, DESPOJAR, TERRITORIO, ADOBE, CAMINO, HOGAR, ILEGAL, SUB-URBANO, TRÁNSITO, CONTINUA FORMACIÓN,  DENSIDAD, ROMPECABEZAS.


Pieza No 1.


Pieza No 2.

Pieza No 3.
Pieza No 4.

 Pieza No 5.



Tejares.......

Ropa, cosas sucias, limpieza del corazón, desgarradora realidad, sustento, diarrea ideológica, el momento es incierto, las nubes son cúmulos de soledad, el sol arde y te quema, te quita la piel desnuda y tu coraza de posibilidades, el paisaje se torna insoluble, la rabia, el dolor, se te licua el estómago, sientes el detonador de la desesperanza, la intolerancia de la idiotez de los seres curtidos por la mentira, por un dios impotente, viejo, desolador, nuclear y antídoto para la certeza de la cultura, de los hombres, de las mujeres, de los infantes, los perros y los gatos, las cucarachas se tornan deliciosas, ante la mancha de sangre de poder, de inmortalidad, de lograr, de poder, de sentir, de sublimación, de sentidos y de moralejas, de sueños rotos incumplidos, de lo que no fuiste capaz, de los que no te dejaron ser y hacer, de todo y de nada al mismo tiempo. El tiempo es vacío, el vacío viola al tiempo, la sombra, el agua, la corriente de la duda, del nunca jamás, y de la libertad. Incendios, cometas, asteroides, planetas, ciudades, refugios, los feos, los sucios, los malos, los pobres. El retorno al principio de las cosas en las que la sombra era su propia sombra,  y era líquido, y era pan, y era fruta y se vestía como diosa, y era una mariposa, y era sufrimiento y desidia la manera de morir, de torturar y de liberar a su serpiente.



Un recorrido - una rutina - habitar - cotidiano.

Después de muchos años sin habitar La Loma, regresé.
Una de mis rutinas diarias fue salir a caminar con mi perro.
En esas derivas cotidianas, el paisaje dejó de ser fondo y comenzó a mirarme.

Desde la sensibilidad del artista, cada encuentro con el territorio fue abriendo preguntas.

Me detenía ante tejas apiladas, ladrillos usados:
vestigios que, en mi mirada, comenzaban a recomponerse como maquetas involuntarias.
Allí aparecían espacios a escala, pequeños territorios que replicaban —o desplazaban— el territorio real.

Fragmento, retazo, ruina y germen.
Construcción y deconstrucción superpuestas.
Tiempos habitados y tiempos en suspenso, aún por ocurrir.

Utilizaba la cámara de mi teléfono móvil para capturar estos encuentros,
no como archivo, sino como apunte:
el registro de una intuición que aún no encontraba forma,
algo que emergería en el momento preciso,
cuando la mirada y el tiempo coincidieran en un mismo punto de fuga.

Lo que comenzó como un gesto cotidiano se fue consolidando como práctica:
una forma de leer el territorio a través de sus restos,
de entender la materia como portadora de memoria.

A continuación, un plano de estos recorridos diarios:
cartografía íntima de lo que retorna,
de lo que se acumula,
de lo que insiste en devenir territorio.



ORIGEN DE LA LOMA (LECTURA TERRITORIAL)

Aunque hay poca documentación específica sobre “La Loma” como unidad histórica formal, sí hay elementos claros:

1. Origen campesino

  • La zona fue colonizada por familias campesinas.
  • Se construyó a partir de:
    • agricultura
    • relaciones familiares cercanas
    • economía local

La Loma no nace como barrio urbano, sino como territorio rural habitado progresivamente.


2. Transformación con Medellín

  • Con el crecimiento industrial de Medellín (siglo XX),
    San Cristóbal se vuelve:
    • proveedor de materiales (arena, cascajo)
    • zona agrícola cercana a la ciudad

Esto genera una transición:
de territorio campesino → periferia urbana en expansión


MATERIALIDAD (MUY IMPORTANTE PARA TU OBRA)

San Cristóbal históricamente ha sido:

  • proveedor de materiales de construcción
  • territorio de extracción (arena, piedra)

Esto conecta directamente con tu propuesta de:
tejas + ladrillos = memoria material del territorio

No es un material arbitrario:
es parte de la historia económica y constructiva del lugar.


QUIEBRE SOCIAL: VIOLENCIA Y FRAGMENTACIÓN

Uno de los puntos más importantes para sustentar el contexto contemporáneo:

  • La Loma fue un territorio comunitario fuerte, con:
    • grupos culturales
    • redes solidarias
    • vida barrial activa

Pero:

  • En los años recientes sufrió:
    • desplazamiento forzado
    • control de grupos armados
    • fragmentación del tejido social

“La Loma era una sola… la guerra la dividió”


LECTURA CONCEPTUAL (CLAVE PARA TU TEXTO)

1. Territorio como tránsito

  • La Loma está en continuidad con rutas históricas (como el Camino del Virrey)
  • Es un lugar atravesado, no aislado

2. Territorio como acumulación de capas

  • indígena
  • colonial
  • campesina
  • urbana
  • conflicto armado

3. Territorio como fragmento

  • lo que antes era continuo → hoy está dividido
  • memoria dispersa

4. Materia como memoria

  • ladrillo, teja, piedra → no son solo materiales
  • son resultado de la historia productiva del lugar
Vereda La Loma:

Fuente: https://sl.bing.net/fe7bLPpMjc


La vereda La Loma, ubicada en el corregimiento de San Cristóbal, forma parte de un territorio históricamente configurado por el tránsito y la conexión entre regiones. Desde el periodo colonial, San Cristóbal fue un punto estratégico en las rutas que articulaban Medellín con Santa Fe de Antioquia, consolidándose como lugar de paso y descanso dentro de una red de caminos antiguos. En este contexto, La Loma emerge como un asentamiento de origen campesino, construido a partir de prácticas agrícolas, vínculos comunitarios y economías locales.

Con el crecimiento urbano de Medellín durante el siglo XX, el territorio experimentó transformaciones significativas, pasando de una lógica rural a una condición de periferia en expansión, manteniendo al mismo tiempo su papel como proveedor de materiales de construcción. Sin embargo, en las últimas décadas, la vereda ha sido escenario de procesos de violencia y fragmentación social que alteraron profundamente su tejido comunitario, generando desplazamientos y divisiones internas.

En este sentido, La Loma puede entenderse como un territorio de capas superpuestas, donde conviven memorias del tránsito colonial, la vida campesina, la expansión urbana y las huellas del conflicto. Un lugar donde la materia —piedra, ladrillo, teja— no solo construye espacio, sino que conserva las marcas de su propia historia.


Los encuentros en el territorio:






Esos apilamientos, bellos y conmemorativos, despliegan sus cualidades estéticas como un umbral. Desde allí, es posible disfrutarlos, pensarlos, evocarlos. Sin prisa. Sin utilidad inmediata.




ENTRAÑA Y TEJA: Marca en el muro.


“El muro no representa el territorio: lo contiene, lo desplaza y lo vuelve a inscribir.” (2026)



https://maps.app.goo.gl/YahTptmLgqGjFYD97

Obetivo general

Crear una obra mural site-specific en un muro del antiguo Camino del Virrey (vereda La Loma, San Cristóbal, Medellín), que se inscribe en la serie Comunidades, un proceso de investigación artística desarrollado a partir de la experiencia del autor como habitante del sector —con una relación directa y cotidiana con el lugar de intervención—, y que explora las relaciones entre memoria, materia y habitar. La obra propone configurar una presencia material de la historia del territorio mediante el uso de tejas y ladrillos de barro, integrando la talla industrial de palabras como elemento plástico y simbólico, sin recurrir a representaciones figurativas.

Objetivos específicos

  1. Desarrollar una intervención mural en relieve mediante la integración de tejas y ladrillos macizos, junto con ladrillos tallados industrialmente con palabras clave, configurando una composición donde la materia y el lenguaje operan como registro simbólico del territorio.

  2. Articular la obra con la memoria histórica del Camino del Virrey y la experiencia situada del habitar, incorporando estos elementos en una placa informativa y en un registro audiovisual concebidos como extensiones sensibles del proyecto.

Ejecutar integralmente el proyecto en sus dimensiones artística, técnica y de gestión, incluyendo la producción especializada de los ladrillos, la realización de obra gráfica asociada, la documentación audiovisual y la socialización del proceso, garantizando coherencia conceptual y adecuada implementación en el contexto.


La propuesta consiste en la realización de una obra mural site-specific en un muro ubicado sobre el antiguo Camino del Virrey, en la vereda La Loma (San Cristóbal, Medellín). La intervención se inscribe en la serie Comunidades, un proceso de investigación artística desarrollado a partir de la experiencia del autor como habitante del sector —cuya vivienda se ubica frente al lugar de intervención—, lo que ha permitido una relación directa, cotidiana y prolongada con este tramo del territorio y su memoria.

Este proyecto surge de la necesidad de activar una lectura del lugar que no pase por la representación figurativa ni por la ilustración de su historia, sino por su presencia material. El muro no se entiende como un soporte disponible, sino como una superficie ya atravesada por el tiempo, vinculada a las transformaciones del Camino del Virrey y a las formas de habitar que han configurado el sector. En este sentido, la intervención no busca añadir una imagen, sino desplazar la condición del muro hacia un espacio de inscripción de memoria.

La obra se configura como una composición en relieve construida exclusivamente con tejas y ladrillos de barro, materiales propios de la arquitectura vernácula del contexto. Estos elementos, recolectados o gestionados localmente, son asumidos como fragmentos cargados de historia: restos de procesos constructivos que, al ser reconfigurados, dejan de cumplir una función estructural para operar como lenguaje.

El proceso creativo se centra en la relación entre materia y palabra. Para ello, se desarrollará la talla industrial de ladrillos macizos en un taller especializado, en los cuales se grabarán palabras clave del proyecto (como ENTRAÑA, TEJAR, RESISTENCIA, entre otras). Estas palabras no buscan definir un relato cerrado, sino activar asociaciones abiertas en diálogo con el territorio. Al integrarse en el muro, los ladrillos tallados funcionan simultáneamente como unidades constructivas y como signos, generando una narrativa fragmentaria que se construye desde la disposición y no desde la ilustración.


El plan de ejecución contempla:

  • Investigación del contexto, incluyendo la revisión histórica del Camino del Virrey y la observación directa del entorno.

  • Diseño compositivo, mediante la realización de una serie de 8 a 10 dibujos que exploran las tensiones entre fragmento, estructura y lenguaje.

  • Producción de elementos, que incluye la gestión y talla industrial de los ladrillos con palabras.

  • Preparación del muro, mediante procesos de limpieza, adecuación y nivelación del soporte.

  • Instalación del mural, a través de la fijación de tejas y ladrillos con técnicas adecuadas para exteriores, garantizando estabilidad, durabilidad y coherencia formal.

  • Integración de los elementos tallados, atendiendo a una composición que privilegia la repetición, el ritmo y la acumulación, evitando jerarquías narrativas cerradas.

Como parte del proyecto, se desarrollarán también:

  • Un registro audiovisual (5 a 8 minutos) que documenta el proceso desde una aproximación sensible, incorporando fragmentos del contexto y referencias al Camino del Virrey.

  • Una placa informativa instalada junto al mural, que presenta los datos de la obra y una síntesis de la historia del lugar, permitiendo su reconocimiento en clave patrimonial.

  • Espacios de socialización, entendidos no como instancias de divulgación sino como extensiones de la obra, donde el encuentro con el público activa nuevas capas de sentido. En estos espacios, el mural no se explica: se recorre, se lee y se habita, propiciando una experiencia directa con los materiales, las palabras y el contexto.

El proyecto contará con el acompañamiento de un gestor cultural encargado de la articulación logística, administrativa y territorial, así como con la participación de un maestro de obra del sector, integrando saberes constructivos locales en el proceso de realización.

En conjunto, la propuesta plantea una intervención que no representa el territorio, sino que opera desde sus materiales y su memoria, convirtiendo el muro en una superficie donde el tiempo, la palabra y la materia se articulan como una forma de presencia.







EL CAMINO Y LA MATERIA





La intervención no se plantea como una pintura sobre un muro.
Se construye desde la materia.

Tejas y ladrillos macizos —materiales propios de la arquitectura local— configuran un relieve que emerge desde la superficie. No se trata de representar una imagen, sino de activar una presencia: una forma que comparte la misma lógica constructiva del territorio donde se inscribe.

El lugar no es neutral.
Coincide con el trazado del antiguo Camino del Virrey, una ruta que durante siglos sostuvo el tránsito de cuerpos, mercancías e historias en el occidente antioqueño. Este camino no solo organizó el movimiento; también dejó una marca física: piedra sobre piedra, peso sobre peso.

La intervención dialoga directamente con esa condición.

Si el camino fue construido mediante la acumulación paciente de materia para hacer posible el paso, el relieve retoma ese gesto: ensamblar, superponer, sostener. Tejas y ladrillos no aparecen como elementos decorativos, sino como fragmentos de una memoria constructiva que aún habita el territorio.

No hay aquí una imagen que ilustra el pasado.
Hay una continuidad material.

El muro deja de ser un soporte pasivo y se convierte en una extensión del suelo. La obra no se impone, sino que se adhiere a una lógica preexistente: la de construir con lo que está disponible, con lo que ha sido usado, con lo que carga historia.

En este sentido, la coincidencia entre el lugar de la intervención y el antiguo camino no es anecdótica. Activa una lectura donde la obra funciona como una nueva capa de sedimentación. Así como el camino fue resultado de múltiples tiempos y manos, el relieve se inscribe como otro estrato dentro de esa misma continuidad.

La pieza no representa el tránsito:
lo contiene.

Cada elemento —cada teja, cada ladrillo— remite a prácticas cotidianas, a saberes constructivos transmitidos, a economías locales. Pero al reorganizarse en el muro, estos materiales dejan de ser únicamente funcionales y se convierten en lenguaje.

Un lenguaje que no narra de forma literal, sino que sugiere: peso, permanencia, desgaste, acumulación.

En lugar de una imagen plana, la obra propone una superficie que se proyecta hacia el espacio, generando sombras, tensiones y ritmos. El relieve obliga al cuerpo a percibir de otra manera, así como el camino obligaba a adaptarse a la topografía.

Ambos —camino y obra— operan desde la misma condición:
la relación entre cuerpo, materia y territorio.

La intervención, entonces, no busca fijar una memoria, sino ponerla en circulación. No como recuerdo estático, sino como algo que todavía se construye.

Porque en este lugar, la historia no está detrás.
Está en la forma en que la materia sigue ocupando el espacio.








Un poco de historia sobre el camino del virrey.

EL CAMINO DEL VIRREY EN ANTIOQUIA

El Camino del Virrey es una antigua ruta histórica ubicada en el occidente del departamento de Antioquia, Colombia. Este camino tiene un origen prehispánico, ya que fue utilizado inicialmente por comunidades indígenas como vía de comunicación entre diferentes territorios. Con la llegada de los españoles durante la colonia, el camino fue ampliado y adaptado para facilitar el tránsito de personas, mercancías y animales de carga.

Durante el periodo colonial, el Camino del Virrey se convirtió en una de las principales rutas de conexión entre Medellín y Santa Fe de Antioquia, que en ese entonces era un importante centro administrativo, político y económico de la región. A través de este camino circulaban productos como oro, alimentos y otros bienes, transportados principalmente por arrieros y mulas, en un sistema que fue fundamental para el desarrollo económico de Antioquia.

El nombre “Camino del Virrey” hace referencia al Virreinato de la Nueva Granada, estructura política bajo la cual se organizaba el territorio durante la dominación española. Estas rutas eran esenciales para mantener el control del territorio y garantizar el flujo de recursos hacia los centros de poder.

El trazado del camino atravesaba diversas zonas del occidente antioqueño, incluyendo territorios que hoy corresponden a San Cristóbal (corregimiento de Medellín), San Sebastián de Palmitas, San Jerónimo, Sopetrán y Santa Fe de Antioquia. Esta ruta cruzaba montañas, quebradas y valles, adaptándose a una geografía compleja y diversa.

En la actualidad, algunos tramos del Camino del Virrey se conservan, especialmente en áreas cercanas a San Cristóbal. Estos sectores aún mantienen partes del empedrado original, lo que permite reconocer el trabajo manual con el que fue construido. Hoy en día, el camino es utilizado principalmente para actividades de senderismo ecológico, turismo cultural y procesos de memoria histórica.

Uno de los puntos más representativos es la llamada “Piedra del Virrey”, un lugar simbólico dentro del recorrido que refuerza el valor histórico y cultural del camino. A lo largo del trayecto, es posible observar paisajes de bosque, zonas rurales y miradores naturales, lo que lo convierte en un espacio de gran valor ambiental además de histórico.

El Camino del Virrey no solo es una infraestructura antigua, sino también un testimonio vivo de los procesos sociales, económicos y culturales que dieron forma a Antioquia. Representa la memoria del trabajo de arrieros, campesinos y comunidades que, a lo largo del tiempo, utilizaron este corredor para sobrevivir, intercambiar y habitar el territorio.

Actualmente, diversas organizaciones y comunidades promueven la conservación de este camino como patrimonio cultural, reconociendo su importancia tanto para la historia regional como para la construcción de identidad. Su preservación permite comprender cómo se configuraron las dinámicas del territorio antes de la existencia de las carreteras modernas.

En síntesis, el Camino del Virrey es un vestigio histórico que conecta el pasado con el presente. Es un espacio donde la memoria permanece inscrita en la tierra, recordando las múltiples historias que han transitado por él y que aún hoy siguen resonando en quienes lo recorren.



Alejandro Naranjo.

https://alejonaranjo.wixsite.com/configuraciones

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